Jornada 21: Cosas normales

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Hace poco leí, no recuerdo muy bien dónde ni a quién, pero es suyo y no mío, que el Atlético de Madrid era como un equipo del Calcio jugando la Liga. Es una buena definición. Se puede ir más lejos y decir que es como un equipo italiano, de aquellos a caballo entre los ochenta y los noventa, incrustado en una competición blanda, como el pensamiento del presente.

De aquélla el Calcio era el terror, que te tocase uno de aquellos bicharracos ultracompetitivos, implacables, en cualquier ronda de la Uefa o la Recopa era como si te hubiesen caído encima las siete plagas de Egipto. Eran equipos despiadados, que te garantizaban la derrota, por lo general cruel y de último minuto. Esto es lo que diferencia a Atlético del presente de aquellos italianos cabrones: frente al cinismo hecho arte, ofrecen una honestidad en el esfuerzo admirable. Pueden ser feos, sucios y malos, pero no son ni ventajistas ni trileros, no racanean el talento propio alcanzando la mejor versión del fútbol que están capacitados para generar.

Esta semana vencieron por aplastamiento e inocencia a un Rayo Vallecano en el cual se acabó lo que se daba y donde hasta los más Jemecistas de nosotros debemos reconocer que hay empeños heroicos que sólo conducen al suicidio. Las dos temporadas, formidables, anteriores no se las quita ya nadie a este equipo, pero el del ahora no está capacitado para hacer lo que pretende y cada balón jugado desde atrás es perdido un poco más adelante, provocando una desorden asesino que se materializa en goles fáciles.

Peor está el Betis, diréis, y será verdad; está mucho peor, tanto como un muerto. Tercer entrenador ya este curso y el mal, claro, no tiene remedio porque es el último, el mortal.  Con once puntos se parece mucho a un equipo que el año próximo jugará en Segunda, más que ningún otro de la Liga. Si encima pierde contra los de su rango, y el Celta por momentos abusó de una defensa que no merece tal nombre, la resurrección milagrera se antoja cosa muy rara de ver. Ni los dos goles de Rubén Castro, de vuelta al fútbol, sirvieron.

De los de abajo, el Málaga comienza a tener mala pinta, consecuencia de la falta de costumbre a las bajuras de une quipo que se ha pasado un par de años pensándose otro. El domingo aguantó lo que Caballero contra un Barça de ritmo masticador, que tuvo paciencia para esperar un primer gol que, se palpaba, era cuestión de macerarlo. Después jugó bien, otra vez, ajeno a la inmundicia que rebosa del palco (ya dijo en tiemposBernabeu que ser presidente del Real Madrid era más importante que ser presidente del Gobierno, los contactos ya se sabe, los negocietes, ya se huele), tranquilizado por la naturalidad que emana Martino.

Tiene, por fuerza, el ex de Newell’s (¡carajo!) que estar perplejo. Te ficha una de las instituciones deportivas más importantes del mundo y uno sólo se espera una profesionalidad impecable en todas sus escalas. Pero lo que te encuentras son pretemporadas recaudatorias, eventos publicitarios, folclore y presidentes cesantes…, entre otras cosas. Lo dicho, perplejo. Pero el hombre no lo trasmite, toda esta mandanaga no le provoca a Martino más que una irónica sonrisa de medio lado o un imperceptible arqueo de ceja. Y el Barça tiene 54 puntos sin apenas haber podido contar con Messi.

Por cierto que, contra el Málaga, Messi volvió a aparecer como centrocampista, tal y como lo había hecho contra el Levante en Copa. Y el equipo se movió mejor con él ahí atrás, enlazando la maquinaria, con Fàbregasorbitando a su alrededor. Esto abre una posibilidad (futurología al canto), una reconversión de Messi a consecuencia de su lesión, otra transformación: quizá el relevo de Xavi no sea Fàbregas, ni Iniesta (desde luego no será un jugador tan insípido como Sergi Roberto), quizá sea Messi. Puestos a hacer ucronía futbolera, no se me hace difícil imaginar que con Guardiola en el banquillo éste sería el paso evolutivo natural para el futbolista y para un equipo ante el cual se abriría un interesante abanico de novedades tácticas.

Aplazado el tropiezo que haga al Real Madrid líder a jornada completa y no sólo a media jornada y con el Athletic de Bilbao efervescente, haciendo partidazo a partidazo, que me trague mis opiniones del principio de la Liga (un 1-5 en el Sadar, actual Reyno de Navarra, no lo hace un equipo cualquiera), el movimiento de mayor interés sucedió de la cintura de la Champions para abajo: al Villareal (ya ponía mala cara Marcelino en el banquillo) se le atragantó ese Valladolid raro de este curso y la Real Sociedad olió sangre. Liberados del peso muerto de la liguilla de la Copa de Europa, el equipo ahora de Arrasate vuelve a volar con la misma ligereza de su gloriosa temporada anterior. Lo hace con un juego ortodoxo, armonioso y natural que corona un jugador, a día de hoy, sublime. Griezmann es un extremo de otro tiempo, un once puro, un delantero afilado que termina el fútbol en al la banda, canónico y perfecto. Catorce goles lleva ya, dos y medio ayer para tumbar al Elche, buen equipo al cual ya se le está haciendo el camino largo.

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