Jornada 19: 50/50

El sábado el Atlético de Madrid y el Barcelona convirtieron el fútbol en lucha grecorromana. Un deporte donde lo que cuenta es inmovilizar al rival, someterlo. Con el campo en constante disputa pero las porterías cerradas, los dos equipos, equipazos, se entregaron a una esforzada ceremonia de llaves, mañas, agarres y amagues. En la lucha cuenta tanto el vigor físico como los procesos mentales, la capacidad de resistirse, a veces por pura voluntad, como el conocimiento técnico y la capacidad táctica. El partido fue un nudo de piernas, brazos y cerebros que nadie consiguió desanudar, ni tan siquiera la espada de Messi, que falló el tajo por centímetros las dos veces que fue desenvainada.

En el Calderón jugaron más los entrenadores que los jugadores, ellos fueron los que determinaron el partido, cuyo empate adquiere una dimensión filosófica: fue la igualdad definida. Se podría haber prescindido del balón porque todo fue una cuestión de posición y de espacio con ambos contendientes enfrascados en decodificar los siguientes tres o cuatro movimientos del rival.

Las superioridades fueron imperceptibles casi, con el Atlético empujando al inicio de los dos tiempos y el Barça amansando poco a poco, en especial durante el último tercio de la primera parte, donde Iniesta inclinó el campo hacia la izquierda ayudado por un Pedro frenético en la presión y el desmarque. La lesión de Iniesta, producto de un choque contra Gabi donde ninguno quitó la pierna en un balón sin dueño, anticipó los cambios de Martino y en conjunción con la llegada del descanso reordenó una dinámica que se teñía de blaugrana (es un decir).

La pausa regeneró a los de Simeone y provocó que la lucha recomenzase prácticamente en el mismo punto, con el Barcelona tardando más de media hora en zafarse de la maraña atlética y terminando, ambos, por dar por válido el empate, pensando que no perdían dos puntos, sino que ganaban uno. Aquí se jugaba una Liga, no un partido.

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Decía que el cambio de Messi por Iniesta obligó a un reordenamiento que, pese a la capacidad de demolición del fenómeno, no fue positivo, más que nada porque esa solución estaba pensada para más adelante. Messi, además, se incrustó demasiado delante, y el Atlético lo encajonó entre sus dos pivotes y sus dos centrales; y luego tiró la llave al Manzanares. El Barcelona hizo lo mismo con Diego Costa, a quien Mascherano le recetó uno de sus mejores partidos como central desde que Guardiola lo reinventó. Con las ayudas constantes dePiqué y de un Jordi Alba que jugó de lateral y no de carrilero, la opción atlética de comenzar su juego desde el punto caído a banda quedaba desactivada. Todo lo mejor de los cholistas salió de la cabeza y las botas de Turan, formidable el sábado sobre el campo y uno de los grandes triunfos de este Atlético. Arda Turan ejerce simultáneamente de mejor futbolista y de mejor ejemplo. Simeone ha logrado que la estrella corra como si fuese el lateral derecho más tronco del mundo y si eso lo hace nuestra estrella, pensarán sus compañeros, ¿cómo cojones no lo vamos a hacer nosotros?

Y así va el equipo, Gung Ho, ladrillos y cemento, impenetrable, impermeable, imposible de demoler de momento. Capaz, como en este partido, de llevar al rival a su terreno, el de la lucha grecorromana. El Barcelona se vió obligado a que Busquets jugase en su propio campo, donde se encuentra menos cómodo y es menos letal, y dejando el partido en la las piernas de plomo de Xavi, que se notaron para mal; ralentizó cada jugada confundiendo control con parsimonia y de paso cortocircuitando el ir y venir de un Fábregas que no encontró grietas en la pared y volvió a ser el jugador obtuso que es cuando no tiene campo para ver, correr y finalizar. Pero tampoco el Atlético fue capaz, porque el Barcelona se preocupó esta vez más del contrario que de él mismo, de desarrollar su mejor fútbol, llegando arriba con poca gente y robado demasiado lejos y demasiado poco.

Martino, que no es ni un piernas ni un romántico, leyó el partido cuando se ponía peligroso y lo finiquitó, con el punto de cinismo de los equipos que ganan mucho y con frecuencia. Sacó a Pedro y dejó a Neymar, pálido, y a Messi, que lo tuvo, solos arriba para sumar a Sergi Roberto al centro del campo. Funcionarial y aseado, sin nada especial pero con el pase seguro en el ADN, el canterano se sumó al reparto de balón en el medio del campo con eficiencia de profesional. Después los dos equipos se quedaron quietos, boquearon agarrándose las rodillas, se miraron a los ojos y después de un segundo se dieron la mano. Era lo justo.

P. S.: El Real Madrid aburrió al Español hasta ganarlo con un gol de Pepe y se pone a tres puntos. Aunque ha perdido tanto con Atlético como con Barcelona. Éstos terminan la primera vuelta con 50 puntos. El Real Madrid los roza con 47. La distancia en los intangibles, en cambio, es otra, mucho mayor.

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