Fulgor de Messi

Estábamos todos tan tranquilos y en eso apareció Messi, y fue como cuando bajaban los de octavo a jugar a la pista del patio, que tú agachabas la cabeza, recogías el balón, te cagabas en la puta por lo bajo y te ponías a mirar sentado en un bordillo.

Que si la Liga, que si la competición, que si el cholismo y el Atlético…, todo se nos ha resquebrajado en un estremecimiento de menos de media hora, en un calambre ontológico. Dice el chiste que cuando le preguntaron a Dios si había enviado de verdad a su hijo a la tierra, Maradona contestó que no recordaba haber mandado a nadie. Pero el Diego tiene sus problemas, pobre, y no se acuerda de la mitad de lo que hizo por culpa de una resaca universal y politoxicómana.

La distancia entre Messi y los muy buenos y los muy grandes se cuantifica por la cantidad de saliva tragada durante la media hora de fulgor de reaparición que le tocó padecer al Getafe, que ya había sufrido bastante castigo antes y se había mantenido de pie con dignidad. Es así de fácil: está Messi y están los otros, y compararlos es de un mal gusto atroz, porque ni procede ni toca y porque no hay comparación posible.

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Ayer Messi, que no tiene piedad para con el aficionado al fútbol, es decir, con la competición, que es lo que es el fútbol y el deporte, y sólo juega para el goce diletante al borde del síndrome de Stendhal, se cargó la Copa, le dio un hostión a la Liga, por alcance, y puso firmes a sus inmediatos y futuribles rivales europeos: el Barça de Martino es una cosa, el Barça de Messi encabronado otra.

Estuvo dubitativo al principio, pero luego se acordó de la palabra, dijo Kimota, y todo se acabó y todo empezó al mismo tiempo. Marcó dos goles y pudo haber clavado fácil otro par, jugó de organizador, de mediapunta, de interior, de delantero y de Messi, que es de lo único que sólo puede jugar él y sólo él; y además jugó de todos a la vez, cosa que también puede hacer él y sólo él. Hasta sus compañeros le hacían reverencias y se apartaban, para no estorbar al genio trabajando, para no romper los minutos de trance. El fútbol de Messi, en minutos como los de anoche, se vuelve trascendente, con un grado de epifanía tal que hasta Tomás Roncero sintió flojear la rodilla y murmuró aquello de que antes era ciego y ahora veo.

En serio, que nos ha jodido Messi con las flores; prepárense para disfrutar de la dimensión estética del fútbol, para la belleza cristalina de la perfección, pero olvídense de la furia, del caos, del último minuto y del infarto. Adiós a la competición, hola a Messi. Es lo que tienen los dioses, que todo lo cambian cuando caminan entre humanos.

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2 comentarios en “Fulgor de Messi

  1. Veremos a Messi cabreado todo el 2014, irá a por todos los títulos con el Barça, a por el Mundial con Argentina y a por el Balón de Oro del 2014.
    Buena entrada. Saludos.

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