Post-Fútbol

¿Qué es el fútbol?… Y no me digan que es lo que pasa en el césped, que es de los jugadores y todo eso, porque no es así; eso es el juego. El fútbol es otra cosa y pasa en los estadios. No sé qué es con exactitud, pero sé que está allí; no acierto a definirlo, pero lo identifico claramente. Tiene que ver con los lugares, la memoria y los sentimientos y pertenece, definitivamente, a los espectadores.

Yo, que soy espectador de fútbol televisado, sé que eso no es fútbol; es la imagen del fútbol. Una paradoja magrittesca, una mediatización de la verdad: editada, escogida y reproducida por medios tecnológicos que yo recibo de segunda mano, convertido en un espectáculo similar a una película, a una ficción, con la diferencia de que sólo ocurre una vez… y apenas eso, pues la vemos recreada, manipulada, reinterpretada a lo largo de toda una semana, y que a la semana siguiente se repite, y así, en un ouroboros terrible.

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Es un ideal de asepsia, donde el espectador, como individuo, como soporte y como significado último del fútbol, que a su vez da sentido de tal al juego, al verlo, al animarlo, al venerarlo, al cagarse en él, ha sido sustituido por el consumidor vestido con el modelo a noventa euros de la camiseta nueva de la temporada nueva. Bulto, ruido de fondo, colorín, un comprador de promociones en los periódicos, un oidor de alfalfa mediática y una oveja que va adonde le dicen en el último momento: viernes, sábado, domingo, lunes, a las doce, a las cuatro, a las seis menos cuarto, a las once, a las nueve y media…

Ayer por la noche se jugaba el primer partido en el nuevo San Mamés; un lunes a las diez de la noche. Eso sé que no es fútbol, porque el fútbol no pasa los lunes a las diez de la noche. Que el Athletic de Bilbao inaugure su estadio en un momento en el cual el fútbol no puede pasar es un símbolo terrible de que ya no hay marcha atrás; se acabó el fútbol y empieza otra cosa; llámenlo posfútbol, por aquello de la modernidad.

No es que en San Mamés no se hubiesen jugado partidos en horarios antifutboleros, pero en cierto modo la vibración del lugar, la mística del espacio eran capaces de superarlo. Ahora San Mamés no existe y el posfútbol conquista ese espacio que era percibido casi como el último lugar del fútbol clásico, del fútbol a secas. Era, parafraseando a un estupendo blog de historia(s) futbolera(s), “el domingo a las cinco“, muerto para renacer un lunes a las diez de la noche es una transmutación angustiosa, un abismo filosófico. Ahora ya no sé lo que es el fútbol.

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