Jornada 2. Los comidos y los por comer

Curso 2013-2014.  Jornada 2

Empezamos mal, demonios, empezamos muy mal. A la segunda jornada el Barça y el Real Madrid ya han notado que el ritmo trotón y la ley del mínimo esfuerzo les sirve para sacar adelante partidos de eso de ganar y sacudirse las manos: trabajo terminado, hala, para casa.

Los rivales, Málaga y Granada, juegan bien, se sobreponen a los malos momentos y ameritan algo más, aunque solo sea un poco… pero nada, no hay manera. La pretemporada prolongada sigue bastando para ventilar compromisos domésticos que solo dejan entrever algunas cosas de futuro interesante.

El Barcelona vuelve a ser dos equipos, El Barça y el Messi; el curso pasado durante más de la mitad de la competición solo fue el segundo. Atados a un Fábregas en clave Arsenal el equipo vuelve a merecer tal nombre, aunque ayer no estuviesen especialmente lúcidos y resolviese Adriano con un gol marca registrada. Jugó Neymar en la segunda parte, no tiene prisa Martino con él, y dejó ver algunas cosas: al contrario que Messi o Iniesta que aceptan las tarascadas y patadas con resignación de hombres de fe, el brasileño es picajoso, revolvín y las devuelve; y vuelve a por más, no se achanta. También que es chupón y descarado. Lo segundo siempre es de agradecer, pero lo primero puede convertirse en necedad desesperante. Veremos cómo evoluciona.

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El Real Madrid, en cambio, todavía no se sabe si es uno. Quiere Ancelotti cambiar costumbres y eso ya se sabe que es difícil. El equipo lleva desde los tiempos de Capello sintiéndose cómodo en el tremendismo y pasar en unos partidos a la pausa, pues no es sencillo. A la que se nota confuso o no logra mantener el tempo se refugia en el viejo canon, regala el balón y busca el martillazo. Jugó muy bien esta noche en la primera mitad con una once organizado en torno a Modric, al fin en su posición natural de 4, al cual rodeaban tres jugadores asociativos por el centro –Isco, Özil y Benzema- y dos desordenados por las alas –Di María yCristiano- que hacían que el equipo ocupase el campo de manera racional y elegante. La segunda mitad fue otra cosa, el equipo se quedó sin piernas y se acomodó en el sufrimiento porque sabe que suele salirle bien. Y le salió, otra vez, aunque lo de la primera mitad fue más interesante y menos visto.

Entre la molicie de los grandes, un par de gatazos desperezándose, depredadores panzudos pero depredadores al final, la gran esperanza para el aficionado ajeno al duopolio lo representa el Atlético deSimeone, perdón de Madrid.  El Atlético está de nuevo flaco y hambriento, se le ha inyectado el ojo y va dejando despojos detrás suyo. Al Rayo, el sábado, lo dejó para el arrastre. Cinco goles sin preguntar ni la hora. Paco Jémez bufaba.

No es ya un equipo que esté llegando, ni un proyecto ilusionante…el Atlético ya es, otra vez es. Alrededor de Simeone se ha reconstruido toda una historia, se ha salido del círculo vicioso del perdedor entrañable: ya no se resignan a la derrota como si eso les diese un carisma especial, ahora les jode porque el equipo y la afición han dejado de asumirla como una parte, absurda, del mito atlético; nunca ha sido así.

Uno de los aspectos que más han pasado desapercibidos del renacer de este equipo es el de su reatletización; pese a desagradables episodios como el de Falcao -dejó goles, títulos y dinero, es cierto, pero irse al Mónaco…- la sensación es que, de nuevo, los buenos jugadores no ven al Atléti como un paso intermedio, sino como un buen lugar para triunfar; la llegada de Villa buscando la última gloria es significativa: siente que el equipo puede dársela más allá de un buen contrato final.

Eso por un lado, pero por el otro, y más interesante, hay que fijarse en cómo el núcleo del equipo, sobre el campo, se está conformando de verdaderos atléticos, de gente de camiseta y cultura rojiblanca. Algunos como Gabi o Mario Suárez son de ida y vuelta, otros como Koke o el formidable Óliver Torres llegan de abajo, de esas categorías inferiores que vuelven a aportar jugadores a la selecciones sub-. No es difícil imaginárselos cerca de Simeone, trasmitiendo su palabra del campo a la grada. El fútbol, digamos ese tópico de que es un estado de ánimo, vive de esta mística religiosa y este Atlético tiene algo de la vieja magia del fútbol clásico incluso en su combinación de veteranos, tipos feos y duros y promesas relucientes. Quiero ver a Atlético, quizás no tanto en una Liga que es probable se les vuelva a hacer larga, como en esa Copa De Europa de la que tantas ganas hay. Si pasan bien la fase de grupos serán temibles en las eliminatorias, son un equipo feliz y en nuestro presente cínico y amargo nada mete más miedo que la felicidad.

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