New skin for the old ceremony

Pese a lo que nos gusta decir en raptos de inspiración poética de instantánea difusión la verdad de las cosas está en su superficie. Un yo de primera mano de pintura, exhibicionista, guapo y brillante, de venta inmediata; es lo que queremos ser, y a veces hasta lo que creemos ser.

La superficie del eurofutbol ha cambiado por completo esta temporada. Me refiero claro a  la de la realeza; la clase obrera y los que se quieren subir al carro del nuevoriquismo, esos… bueno, esos siguen igual. La clase media ya no existe. Es cierto lo de que el fútbol refleja la realidad socioeconómica; ya dije arriba que era una superficie. Una cromada, seductora, idealizada. Su reflejo, por lo tanto, resulta de una inclemencia deslumbrante.

Todo, o casi, será diferente en los banquillos. Se percibe un algo de cambio de época. Y es divertido estar allí, aunque solo nos dejen mirar. Este nuevo curso promete ser el del despegue de la Bundesliga, su asalto a “la Liga que hay que seguir”, pareja a lo todavía lujosa Premier, adelantando la española, la nuestra más o menos, a golpe de modelo económico-organizativo. La Liga está exhausta, es un limón si zumo del cual se masca la pulpa y la piel. Una competición maltratada, carcomida por intereses caníbales que llevan a un calendario clandestino que hay que descifrar con la máquina Enigma.

La formidable temporada del Bayern Munich y El Borussia Dortmund, coronada con un triplete y una final de Champions impecable cokocó a su competición doméstica en un primer plano lleno de asombro y admiración de descubridor de una belleza insospechada. Pero como eso se olvida al segundo día el Bayer dio un golpe magistral con un fichaje como el de Guardiola que redimensiona la Bundesliga de forma definitiva. No hay más que mirar la prensa capitalina: Guardiola ocupa ahora más espacio que cuando entrenaba al Barça más apoteósico de su historia; y eso sin jugar un solo partido. Por si fuera poco le han colocado pequeñas piezas que multiplican los puntos de elasticidad de un equipo que ya se demostró tremendo, tremendísimo, la campaña pasada. Thiago fuera del Barça es una mala noticia porque significa Thiago fuera de la Liga. Demuestra a la vez que es posible que haya equipos más atractivos para un joven talento que su propia casa y que la estructura de nuestros equipos incapaz de sostener el tenderete.

Llorente se ha ido también a reforzar la Fuera de la estabilidad pirlista de la Juventus, lo mejor de un Calcio tan gris como suele en los últimos tiempos, Negredo es otro que se despidió; este al Manchester City que por primera vez en años además de plantillaza tiene un entrenador de verdad, Manuel Pellegrini. Quizás lo haga Soldado camino de Tottenham, un equipo agradable que amaga y nunca golpea. Veremos si es capaz de mantener a Gareth Bale lejos de la gula florentinista. Ello, y otros de menor rango y nombre, conforman la continua emigración futbolera que descapitaliza una Liga que cada vez vive más de dos, que fía su prestigio y atractivo a Real Madrid y Barcelona; simplificando: a Cristiano Ronaldo y a Messi. Ellos son el capital real de la Liga, sin ellos esto sería un Calcio aún más depresivo.

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Decía que Pellegrini cuenta de nuevo con un equipo con capacidad ilimitada y un club que si aguantó a Mancini está capacitado para aguantar cualquier cosa. Allí se encontrará con el Chelsea de Mourinho el retronado, autodenominado nuevo Padrino de la premier, ocupando, sin que nadie se lo pidiese el supuesto lugar patriarcal de Alex Ferguson. Los londineses no se han reforzado más allá del entrenador, los mancunians por el estilo; David Moyes, más de una década en el Everton heredó sin aspavientos el banquillo de Ferguson donde será asistido/prolongado pro Ryan Giggs dentro de esa estructura de sindicato del fútbol del United. Les costará renovar el título y si no recuperan a Rooney de la neblina en la cual vive desde hace un par de temporadas no parece que en Champions tengan demasiado que hacer más allá de mantener el tipo con sentido de la historia.

Donde más ha pasado, donde parece que hallamos contactado con un mundo paralelo es, claro, en la Liga; perdón, en la diarquía Barcelona-Real Madrid a la cual esta ha quedado reducida porque, aunque lo sintamos, el atlético de Madrid, admirable, de Simeone no está para esas alturas. Aunque el fichaje de Villa sea un buen plan este ya no tiene la habilidad quirúrgica de Falcao, fugado ya se sabe la Mónaco recién ascendido y remillonizado con su propio jeque; si no era bastante un PSG, ahora dos.

La capacidad taumatúrgica de Simeone tiene, por fuerza, que tener un límite y volver a lanzarse a competir con una plantilla corta y ancha, como aquel temazo de Los Íberos, es quizás ese límite. Diego no vendrá, ni él ni ningún otro. Está Óliver Torres, que es uno de esos jugadores naturales, formato Selección española, pero al cual hay que racionar para no agotar sus recursos antes de tiempo. Recuperar a Adrián puede ser una de las claves; eso y rezar para que nadie del medio del campo se rompa porque lo que hay es lo que se ve.

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El Barcelona es el más cambiado. El anuncio del fichaje como asistente de Rubi, técnico en segunda del Girona, sonaba a formación de urgencia por si hiciese falta con la temporada avanzada. No hizo falta, lo de Tito Vilanova, dejemos de ser mojigatos, es algo que tiene que ver con la muerte; ni una puta broma. La sensación de parálisis que afectó al club desde la recaída el curso pasado se ha extendido hasta este. Era como si nadie se atreviese a decirle a Vilanova que lo dejase, que ya había sido bastante; al final el propio entrenador se ha apartado facilitando las cosas; es admirable, seguir hubiese sido kamikaze para todos; no se puede vivir en la tragedia.

Rosell, peleado con Cruyff y Guardiola, popes e ideólogos del barcelonismo (y con razón) ha decido cambiar el juego en una movimiento de riego absoluto. Desde Frank Rijkaard en 2003, una década nada menos, y una impresionante, de dimensión histórica, el equipo y el club habían mantenido la continuidad de un idioma forjado en la dialéctica entre la heterodoxia holandesa –Cruyff- y la ortodoxia holandesa –Van Gaal-, enriquecido por Rijkaar con sintagmas extraídos del Milan de Sacchi y depurado hasta su perfecta pronunciación y construcción por un Guardiola en equilibro asombrosos entre lo italianizante y la renovación de la esencias.

Tata Martino supone la llegada de un idioma nuevo, al parecer con en laces víabielsismo y Ñuls, carajo, con el barcelonista, pero distinto, con otra pronunciación, otros acentos, otras construcciones gramaticales configuradas por el fútbol sudamericano. Martino tiene muy buena fama de extraer lo mejor de equipo de recursos limitados, pero el Barcelona no es de esos. También de ser un gran táctico y amoldarse con inteligencia. En todo caso una novedad radical, otra vez muy interesante de observa por lo que tiene de insólito y audaz. ¡Ah! También han fichado a Neymar, ese chaval con pinta de pájaro raro, pero al parecer ya nos hemos olvidado de él. Es otro movimiento rosellista, un jugador que tiene entre poco y nada que ver con la idiosincrasia futbolera del Barça. Juega a otra cosa y está por verse como mezcla, aunque ahora todo puede cambiar, no se sabe…

Como son el Ying y el Yan cuando el Barcelona esta convulso el Madrid parece un estanque de nenúfares y cisnes. En arranque de sensatez lejos del forofismo de talonario que le caracteriza Florentino a fichado de maravilla; caro, carísimo porque es un derecho de los pequeños el clavel y el sablazo para con los grandes que alardean de chequera y cartera, pero de maravilla. Queda por saber si la pasión presidencialista puede más y al final hay talegada sin cuento por ese Bale que no se necesita para nada pero Isco e Illarra son oro puro que abre al Madrid a la posibilidad de un juego muy distinto, que puede reciclar a jugadores que como Khedira y Modric sufrían haciendo cosas que por genotipo parece que saben hacer pero en realidad no –el alemán no es un recuperador, sino un llegador y el croata contradice su corte de mediapunta pasador con muy poco último pase y mucho toque intermedio, organizativo- que ayudará a dar cuartelillo a otros como Xabi Alonso u Özil o que incluso puede reconvertir definitivamente a Cristiano en el killer que en esencia es liberándolo de participar el juego más que para culminarlo.

Toda esta paz y felicidad, que ha borrado de un plumazo (de plumilla) el gesto agrio del mourinhato que ya se sabe que nadie defendió se ha logrado fichando también una década más tarde (¡qué coincidencia!) a un homologo italiano de Vicente del Bosque como es, o parece ser, Carlo Ancelotti. Un tipo tranquilo, con gesto de que todo le entra por una oreja y le sale por la otra, harto de lidiar con presidentes demenciales –Berlusconi, Abramovich, el jeque parisino de turno…- que ofrece un fútbol clásico, sin alardes, que le ha servido para juntar una serie de títulos nada despreciables en clubes de mucho dinero. La mayor diferencia con su infame predecesor es que Ancelotti no siente la necesidad de andar reivindicándose constantemente; es la ventaja de ser una leyenda del fútbol con botas, que el ego lo tiene ya abrochado de sobra. También esto es, supongo, de gusto de Florentino; el italiano no reclamará cada éxito como propio así que el presidente no tendrá rival para hacerlo.

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