El imperio de Chamartín

Hasta el día de autos del 20 de Mayo de 2013 la actitud del Real Madrid, es decir del segundo Florentinato, era la misma que la de los Estados Unidos hacia el militar y dictador panameño Manuel Antonio Noriega: “es un hijo de puta, pero es nuestro hijo de puta”.

A finales de los 90 Cara de Piña resultaba ya tan molesto que sus empleadores decidieron retirarlo del servicio mediante la expeditiva invasión de Panamá. El mal suele servir siempre a un propósito determinado, si no se extirpa de inmediato se enquista y comienza a pudrir. En Junio el madridismo tendrá elecciones y podrá comenzar, si quiere, si puede, si le dejan, la cirugía regeneradora porque, en realidad, Mourinho solo es la manifestación grosera del mal, la más frontal y espectacular, pero palidece ante la sonrisa llena de dientes de Florentino Pérez. Como domina la completo todas las facetas del aparato nadie se atrevió a presentarse con él la vez anterior, la de su segunda venida donde no fue elegido: fue aclamado.

Mourinho no tiene la cara picada de villano de película de la Canon de Noriega pero su villanía es igual de trasparente. En cierto modo es un personaje perfectamente honesto en su carácter mercenario; su maquiavelismo es frontal y sus métodos sistemáticos. Nada de lo que haya hecho en el Real Madrid es nuevo, lo que ocurre es que ni en Italia ni en Inglaterra tenía el altavoz de una prensa carnívora y servil al tiempo y de un país que adora que adora indignarse. John Carlin escribía que los ingleses se tomaban a Mourinho como un chiste mientras que los españoles nos lo tomábamos como una tragedia.

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Mourinho fue el culebrón mañanero de la prensa antes (mucho antes) deportiva, el personaje perfecto para el lector/espectador/seguidor perfecto, apasionados todos ellos con los giros y contragiros de su historia, con las constantes ocurrencias de uno y la narración frenética de los otros. Mourinho siempre tenía algo nuevo, algo escandaloso, un capítulo más tremendista de un folletín delirante, adictivo, que se vendía y se emitía por entregas. Ya lo dijo Guardiola cuando le comentaron en rueda de prensa que Mou había fichado por el Real Madrid: “Nos vamos a divertir”.

Lo que ocurre es que el egomaníaco definitivo se topó con su némesis. Si la fuerza imparable choca contra el objeto inamovible la garantía es la destrucción mutua. El Real Madrid encara su enésima reconstrucción, el noveno entrenador del Florentinato, y Mou sale convertido en personaje tras haber venido como personalidad.

Con permiso de arriba colocó la institución a su servicio, Mourinho Inc., como siempre, acaparó funciones y poder hasta toparse con su horizonte de incompetencia. A partir de ahí gasolina y cerillas.

 

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