Hombres de fútbol: Jornada 30. La Liga

En todas las leyendas los trabajos del héroe terminan por ver de una u otra manera con la muerte. El descenso al inframundo es un paso obligado para que el héroe a la vez adquiera esa condición y las trascienda para convertirse en mito. Eric Abidal saltó al Camp Nou el sábado ungido en mito: el-dos-veces-retornado.

Abidal ya era antes un deportista ejemplar, uno de esos futbolistas intachables en los cuales uno desea que sus hijos se miren pero su careo doble con la muerte lo ha levado primero a la condición de héroe y luego al rango eterno de leyenda. Lleno de costuras, reconstruido por dentro y más sabio por fuera es un futbolista zen que irradia una serenidad, otra vez, heroica.

Fue el momento cumbre de un no-partido al cual el Mallorca se prestó con mansedumbre. Un recital sencillo, donde el contrario no participaba más que para que se viese que aquello no era un entrenamiento. En medio de eso y con la dirección de Sweet Iniesta (Andrés Montes dixit) Fábregas y Alexis Sánchez aprovecharon para hacer lo que tenían que hacer.

En un capítulo de Los Soprano, Tony Soprano le dice a su psiquiatra, la doctora Melfi que las sesiones de psicoanálisis son como cagar. Ella alza las cejas y contesta que bueno, que algunas personas las comparan con un parto. Tony pone esa cara de niño peligroso que solo James Gandolfini sabe poner y le contesta que le haga caso, que son como cagar.

Cesc y Alexis por fin lograron cagar el sábado. El catalán llevaba media Liga hablando del revés ese Idioma Barça del cual escribía la semana pasada mientras que al chileno todo le sonaba a lenguas muertas. Contra el Mallorca todo se ajustó de repente y cada uno ofreció su mejor versión: Alexis sin pensar, reaccionando al juego, y Cesc flotando por todo el frente de ataque, como hace en la Selección cuando juega como delantero indetectable pero participando más en la elaboración. Entre los dos prepararon y facturaron los cinco goles del partido, o lo que fuese aquello que se jugó.

El pase de diapositivas requiere JavaScript.

En el Bernabéu también se dieron rehabilitaciones, no la enésima de Kaká claro, sino la del perpetuamente menospreciado Higuaín, que parece siempre bajo sospecha, como si debiese algo y no lo pagase. Lo cierto es que el argentino, bien o mal, es un futbolista honesto y un delantero optimista, esa cualidad fundamental para el puesto. Contra un Levante que se vio arrollado por un Real Madrid alegre y desatascado sobre el campo estuvo el mejor Higuaín: un ejemplo de fe en sus posibilidades y recursos que goleó (golazo además), pasó y participó siempre y en todo. Sin excusas, sin escondites ni atajos, solo fe y sudor de un obrero del fútbol que tiene que justificar cada minuto en un equipo superlativo.

A parte de todo esto que sucede en la planta noble mientras se juega La Liga durante el fin de semana hubo noticias de las que son y de las que no son. Entre las primeras, aunque en minúscula el hecho de que al Atletico admirable de Simeone le está empezando a llegar el ácido láctico hasta las orejas, notando ya el agarrotamiento producto del ritmo inverosdimil de Barça y Madrid. Entre las segundas se cuenta la de la Real Sociedad arrasando el Málaga post-Champions. Al equipo de Pellegrini le cuesta manejar las dos competiciones y la Real está embalada, fresca y sonriente como recién levantada. Con 4-2 a golpe de fútbol rápido y sencillo se afianzó en un cuarto puesto en el cual se sienta cada vez más cómoda y dónde solo amenaza ya un Valencia que llega renqueante a la pelea de las últimas jornadas, esas que son más de verdad que ninguna otra.

También fue noticia que no es noticia la debacle del Celta. Derrotado por el estupendo Rayo Vallecano cada vez tiene peor aspecto. En especial cuando se lo compara con otra noticia que si es noticia como es el caso de ese Deportivo ganador en un partido alborotado al Zaragoza. Los coruñeses han decidido venderse más caro de lo que parecía gracias a un entrenador que, como Higuaín, parece tener siempre que andar disculpándose por estar ahí. Fernando Vázquez le ha dado carne y sangre al Depor y aunque el equipo descendiese parece la persona adecuada para reconstruir al equipo a su alrededor. No vende ni humo ni estilo innegociable pero tampoco deja tirados a sus contratistas.

Ha sido un entrenador con mala suerte, víctima de algunas de las destituciones más injustas, miserables y lamentables de la historia del fútbol español. Víctima, sobre todo, de los delirios de grandeza de tanto club modesto afiebrado de nuevoriquismo que incapaces de entender el privilegio y la dificultad de estar en primera división fantasean con un euroglamour que es siempre premio y nunca obligación. En un mundo donde el fútbol ha dejado de ser sustantivo para convertirse en adjetivo Fernando Vázquez es un entrenador de fútbol, es decir una rareza.

 

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s