¡Todavía se mueve!. La Liga. Jornada 27

Esta jornada hemos presenciado lentos movimientos en las placas tectónicas de La Liga. Ya se sabe que esos desplazamientos de supermasas producen a velocidades imperceptibles para el ojo humano y no somos capaces de darnos cuenta de ellas hasta que las tenemos encima.

El detective Harry Moseby decía en la noche se mueve que una vez había visto una película de Rohmer y aquello era como mirar secarse la pintura de una pared (o ver crecer una planta en su versión española, que tanto da). Nuestra Liga que nos ha tocado, ofrece un espectáculo por el estilo, quizás por eso el folklore y la pseudoprensa de barra de bar y tercer carajillo ha fagocitado al fútbol. Con la competición bajo mínimos hay que entretenerse en los alrededores y el chismorreo.

Madrid y Barça ganaron sus partidos contra los equipos gallegos del fondo de la clasificación, Celta y Deportivo respectivamente, enganchados a sus fenómenos. Los grandes taparon con goles su juego y sus miserias, cada cual las propias y bien diferentes.

El Barcelona ganó mal pero no sufrió porque el Depor salió manso, tramitando el partido como quien va al ambulatorio. Era que tocaba la vacuna antigripal. 2-0 y a otra cosa. El Barça falló y jugó pensando en el Martes, aunque con déficit de atención y todo le sobró. Messi marcó por decimoséptima jornada consecutiva, ahí es nada, pero el equipo no se pegó esa ducha mental que tanto necesita. Ni hubo goleada ni los de Vázquez fueron un sparring suficiente, aunque al menos se dejaron ver variaciones tácticas que habían quedado olvidadas y que por ello parecieron algo anquilosadas por falta de uso.

La jornada 27 pasa por el Camp Nou como si no hubiese existido, nadie estuvo en el capo, ni los locales, ni los visitantes. Y sin saber muy bien como los 3 puntos se quedaron dentro.

Los 3 puntos que se trajo el Real Madrid de Vigo fueron diferentes pero como si no. El Celta sí que asustó, entre otras cosas porque Iago Aspas ha vuelto entre los mortales. Quizas demasiado tarde.

Cristiano, en portentoso estado mental y físico, despachó dos goles más para alcanzar unos formidables 26 y volvió a electrizar un partido que su equipo se tomó, otra vez, por amistoso, según parece su costumbre para un torneo domestico despachado como un engorro, como una tarea tan cotidiana y molesta como fregar los platos o limpiar el wáter.

Falló de todo y acabó sufriendo. Fuera de casa se relaja hasta extremos intolerable. Fuera de la vigilancia de la afición da por buena cualquier cosa. El sábado los rescató un partido formidable de Xabi Alonso, dirigiendo desde el mismo centro del campo, pivote puro. Eso y las necesidades de un Celta al que se le puso cara de suicida cuando consiguió el empate. Entonces se tiró arriba, sin medir y le dio la Madrid lo que le gusta: ninguna responsabilidad con el balón y campo para correr.

La sensación que queda es que el Real Madrid piensa que está en una dinámica nueva, empujado por una inercia positiva. Pero hay algo de engañoso en ello. De todos estos partidos ganados en solo últimos meses solo la vuelta copera en Barcelona fue superior de manera clara. Lo de Manchester fue una moneda al aire  con muy mal aspecto hasta la expulsión. No por la expulsión en sí, más bien porque los de Ferguson recularon veinte metros hacia su portería y entregaron campo, balón y presión atrincherándose de manera absurda como si quedasen cinco minutos cuando en realidad tenían el partido controlado. Y nada de eso se lo ordenó hacer el silbante.

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Pero bueno, los movimientos tuvieron lugar justo un piso por debajo de esta planta noble de La Liga. La Real golpeó en el Calderón. Bum! 0-1. La Real le dio el balón  alos rojiblacos y estos se le quedaron mirando raro, incómodos moviendo aquel objeto al que prefieren hacer volar rápido que trotar lento. El árbitro, nefasto como todos sus hermanos, tampoco ayudó a la continuidad del juego y entre todo los de Simeone se bloquearon. En consecuencia pierden el segundo puesto a favor del Real Madrid y la Real Sociedad le empata a un Málaga a quien la segunda vuelta mezclada con la Copa de Europa se le está empezando a hacer larga.

La gran Real hay que decir ya, comandada por ese superclase que es Xabi Prieto uno de esos jugadores que no corre se desliza tal es su respeto por el verde. Prieto se ha vuelto viejo y sabio; se ha vuelto clásico. Y a su lado el emerge como una de las esperanzas para el aficionado neutral. Ha sido un equipo de evolución lenta, que resistió un runrún de principio de temporada que llegó a pedir el puesto de  Montanier para consolidarse como equipo ambicioso, afilado y cohesionado.

En cierto modo esto resulta ser la culminación de un proceso que empezó en Segunda división con la llegada del uruguayo Martín Lasarte a un equipo al cual se le había ido tanto la cabeza que hasta llegó a fichar a Juanma Lillo como entrenador. Los delirios de grandeza los llevaron al pozo y de allí solo les sacó un back to basics que pasaba por arriesgar con lo que había en casa y pulir con tranquilidad a una generación esperando lo que ahora sucede: el equipo juega de memoria y rebosa confianza.

No hay alardes en esta Real, solo fútbol sencillo bien ejecutado. Otra vez es el equipo tradicional que siempre fue, un refugio para los tiempos modernos y junto a Rayo Vallecano o Betis, estupendo el sábado contra un Osasuna que peleó con todo, forman la máquina de respiración asistida de esta Liga. De no ser por ello yo ya la hubiera desenchufado, para que dejase de sufrir.

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