Cuidado, peligro: Octavos de final, primera vuelta, segunda entrega, la Copa de Europa.

Pese a la profusión de crestas imposibles el Milan es un equipo que respeta las tradiciones. Es uno de esos conjuntos con una mística especial que está incluso por encima de los títulos. Y seguramente no hay mayor tradición en Italia que ganar a la italiana. Cerrojazo y gol miserable, defensa por acumulación y aprovechamiento del goteo ofensivo, siempre producto de una carambola o de la desesperación del contrario. Se trata de jugar tanto con el físico como con la psicología y hace falta una enorme fortaleza mental para ello porque se fundamenta en la renuncia; en la renuncia al fútbol, nada menos.

El Barça lleva más de un mes tieso. En Liga su intermitencia se solventa gracias a su capacidad de aplastamiento, a su cualidad de trasatlántico en un mar de destartalados barcos de pescador o de pintonas embarcaciones de recreo dominguero. Pero en Europa no se puede disimular. Faltan piernas e ideas, el equipo está rígido, sin alegría ni lucidez. Sólo Iniesta y Piqué parecen en su grandes versiones, pero eso no es suficiente cuando lo que toca es desenladrillar un muro que se reconstruye a si mismo afanosamente. La clave está en quitar más rápido de lo que el contrario pone. Pero anoche el Barcelona fue lento, sin tensión, sin un solo disparo a puerta. Se acomodó a la propuesta defensiva del rival, especulando con ella y repitió errores y vicios.

El Barcelona está acostumbrado a esta vida de Sísifo es cierto, pero de cuando en cuando el cansancio de la tarea cortocircuita hasta a los más grandes. Messi, ausente, y Xavi, inoperante, fueron la ejemplificación del descalabro. No había ideas ni comunicación de los cerebros a las piernas; el equipo era un cuerpo descoyuntado, flácido y sin huesos.

El banquillo tampoco supo responder, y aquí tampoco se puede decir demasiado.  Vilanova es un entrenador decidido para los cambios, mucho más que Guardiola al cual le costaba retocar la idea. Roura es conservador también, le falta seguridad natural, nota que está de prestado, simulando ser quien no es y poniendo cara seria. En San Siro estuvo atenazado. Con el partido pidiendo a gritos alas, es decir, Tello, optó por un Alexis Sánchezobtuso y bloqueado mentalmente. Su aportación fue igual a cero, es decir idéntica a la ofrecida por Fábregas a quien relevó.

Al Milan le sirvió la entrega fanática a la tarea, las dos líneas de cinco juntas, juntas, el atasco, convertir el fútbol en balonmano (en distintos sentidos) y confiar en su italianidad. Clasicismo puro. No diga fútbol, diga calcio.

El pase de diapositivas requiere JavaScript.

En paralelo Schalke y Galatasaray empataban los octavos menos glamourosos. Lo turcos son un extraño equipo de retales, lleno de nombres para los cuales lo mejor ya ha pasado. Pese a su pinta exfutbolistas con camiseta mercenaria estos tipos suelen dar disgustos. Saben de qué va todo esto y conocen el valor de las últimas oportunidades. No son equipos capaces de ganar, pero les sobra para dar disgustos y mordiscos de perro resabiado.

El Schalke es otro ejemplo de la pujanza del fútbol Alemán. Es un equipo menor, pero tan alegre y vistoso como la mayoría de los de la Bundesliga. Juegan con confianza, sabiendo que lo que hagan a estas alturas estará mejor que bien. El que salga de esta eliminatoria será el típico equipo que todos los riales dicen querer…, hasta que les toca jugar contra ellos.

Si el Schalke es la clase media de la Bundesliga, el Bayern es su ejemplar más lujoso. Van Gaal les cambió la mentalidad, fusionando esencia histórica y escuela holandesa con su propio sentido de la organización y el profesionalismo y los aires renovadores de la selección de Joachim Löw. Jupp Heynckes, un grande de los banquillos europeos con gusto por el juego lo relevó profundizando en la combinación y germanizándola. El Bayer tiene pinta de ir a ser the nest best thing, y la llega de Guardiola y su aura mística lo refrendan. El martes se paseó por el Emirates abusando de un Arsenal de vuelo muy corto. Ganó cuando quiso y como quiso, enseñando solo la puntita de sus virtudes. No me extrañaría que este año les tocase campeonar, sería una despedida maravillosa para su entrenador.

El Málaga descubrió en Do Dragão lo que es de verdad la Copa de Europa. El Oporto le dio la bienvenida dominándolos del minuto uno al noventa. Fue un partido serio, táctico y trabajado que da idea del gran equipo que son los portugueses, un prodigio de capacidad de reconstrucción que pese a vender años tras año a sus estrellas se las arregal para regenerar sus miembros. Este equipo se parece mucho al estupendo campeón de UEFA de Villas-Boas con Falcao, Hulk y Guarín, ese mismo que no pudimos ver asaltar la Copa de Europa tras haber sido desmantelado al curso siguiente. Quizás no tiene un fútbol tan puro y atractivo y Jackson Martínez no intimide como lo hacía Falcao pero juegan sabiendo, organizados en torno al formidable todocampista João Moutinho y una riqueza táctica notable que exprimía la línea defensiva hasta alinearlo con el centro del campo, acortando el césped y llegando a situar hasta a nueve portugueses en la mitad malaguista.

El Oporto es el ejemplo típico del menosprecio que al prensa deportiva española dedica a las escuadras extranjeras. La derrota del martes se puede decir que fue lo normal. Los portugueses son mucho más equipo que el Málaga del derecho del revés, en primer término porque juegan con la conciencia de su propia grandeza. Hay equipos que se encuentran cómodos en Europa, es su elemento. Como el del Milán.

Una historia: el Oporto es mi otro equipo desde que de niño visité su viejo estadio Das Antas con mi padre. De aquélla no había tanto ceremonial para estas cosas y simplemente nos acercamos al campo y mi padre le preguntó a unos tipos que estaban en las casetas de la entrada a los campos de entrenamiento si nos podían dejar pasar a ver el estadio por dentro. Nos abrieron unos enormes portones azules y durante un rato nos dejaron solos en un campo que a mí me pareció enorme en comparación con El Molinón: allí había 75.000 localidades. Das Antas era serio, de cemento y grada corrida.

Seguramente aquello fue mi iluminación futbolera. También mi primer contacto con la leyenda: al salir descubrimos que la cámara que teníamos no llevaba carrete, así que tuve que grabarme todas aquellas imágenes en la memoria, esa fábrica de mitos.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s