Fútbol del Norte. La Liga, jornada 11

Los partidos con lluvia tienen un algo. Como si en lugar de agua cayese épica del cielo. Aunque estés jugando en una pista de asfalto llena de costurones, se pone a llover y te crees en mitad de la Copa de Europa. La lluvia, la lluvia torrencial que amenaza con  convertir el campo en un barrizal, convierte al fútbol en rugby para bestias, lo devuelve a su versión primitiva, la contrapartida futbolera de un disco de Billy Childish.

Lo que se vio el domingo por la noche el Ciudad de Valencia fue un monumento a la verdad. Y la verdad no es bonita, sino brutal, visceral, agónica. Por eso como espectáculo burgués fue decepcionante, pero como futbol resultó glorioso. Como fútbol del Norte. Del que ya casi no se fabrica.

En días así, si no sales con la cara partida es que no has jugado. A Cristiano le saludó con un buenas tardes de parte de mi codo David Navarro y le dejó nuevo. Pero hay que reconocer que no se achantó, siguió en el campo hasta que, ya muy quebrantado, no podía ni ver. E incluso así fue capaz de meter el primero.

El Levante es un equipo de carne dura, de tipos viejos y malcarados. Tiene oficio, carisma y saben hacer lo suyo. Han convertido su campo en uno de los difíciles, de esos que hacen torcer el gesto cuando ves en el calendario la fecha de la visita. Son un equipo que desafía la realidad del aséptico futbol contemporáneo, y por eso hay que admirarles. El Madrid, como dijo Michael Robinson durante la retrasmisión, tuvo que convertir a sus caballos de carreras en burros para ganar. Demostró lo que es un equipo grande, que no lo es en la lírica y el viento a favor de las exhibiciones contra rivales entregados, sino en las encerronas, en las guerras callejeras y el cuerpo a cuerpo.

Se llevó el partido pero se lo pudo haber dejado, estuvo en trance de muerto, porque salir con 11 puntos por detrás del líder hubiese finalizado ya la Liga. Pero marcó Morata. Un gol que será instrumentalizado hasta el hartazgo, producto de un cambio desesperado y demagógico, esa mezcla terrible que parece guiar el errático Mourinho de este curso. Uno que hará olvidar sus humillaciones a Toril y también las extrañas maniobras previas a esta última victoria, donde, y con 0-1 en el marcador, puso sobre el campo a Albiol, por Cristiano: un defensa central al cual hizo jugar primero de centrocampista y luego como lateral derecho, por su único delantero centro. Morata ya estaba entonces en el banquillo, no es que llegase luego. Además el salvador tuvo que ver como, ya con el Levante empatando, un incongruente Kaká aparecía por Özil, del cual ni se sabía que estaba jugando.

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Por la tarde el Barcelona había ganado al Mallorca, indefinido entre aplicarle al Barça el tratamiento del Celtic de Glasgow o apretar más arriba. Mientras se decidía y no Xavi sacó el libro y se puso a dar la lección. Fueron 45 minutos de clase magistral rubricados por un golazo de falta. Esta vez salió el equipo de la ortodoxia, con Piqué serenando a Mascherano y Busquets más retrasado, con un funcionamiento que perjudicó al gran Fábregas de los últimos partidos y a un Villa extrañando la derecha. Con el bajón de Alves, inocuo ayer, y la refulgente llegada de Alba, el Barça se ha tumbado hacia la izquierda, además Tello ayer despachó un gran partido ampliando el repertorio y sabiendo cada vez mejor “cuándo toca que”. Ocurre que el equilibrio del equipo descansa en la descompensación: con dos laterales muy ofensivos el Barcelona queda demasiado expuesto, necesita un tercer central por alguna banada, tal y como ejercía Abidal por la izquierda. La impresión ahora es que Martín Montoya, lateral más clásico, de pocas subidas, ofrece ese equilibrio particular mucho mejor que el apagado Alves. Aunque a este lo ha mejorado de largo hasta Adriano, parche multiusos.

Un partido  bien resuelto en todo caso. Lo que pasa es que deben de aburrirse este año y, como se lo pasaron tan bien en La Coruña, repiten el truco. En menos de un cuarto de hora de la segunda parte y dos goles mediante, uno de penalti, el Mallorca pasó de un 0-3 a un partido de fútbol. Lo malo es que a Messi esto de la emoción no le va. Marcó el cuarto, le dijo “Adiós, señor” a Pelé y, entonces sí, cerró el partido.

Iba a escribir “y La Liga”, pero me parece exagerar. O a lo mejor es que no quiero verlo. Este es un curso raro, nos parece que entre los dos grandes se mantiene el mano a mano habitual, ganando y no parando, pero es una sensación artificial. La realidad son 8 puntos y que al Madrid le ha costado un triunfo meterse tercero, lejos todavía de un Atlético que se repuso bien ganando al Getafe en un Calderón al que, de nuevo, hay que pedir permiso solo para entrar.

En todo caso es mejor callar porque el fútbol lo dicho hoy no vale mañana, y como no vale pues decimos lo contrario y nos quedamos tan contentos. Desentierro ahora a unos Athletic y Osasuna a los cuales diagnosticaba cadáver  y me voy a poner un responso pro un Deportivo que se cayó desde lo alto de un 0-2 en Zaragoza. Aunque este si que está peor, tiene feas complicaciones. Que llueva.

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