La realidad no es pop: La Liga, jornada 5.

Publicado originalmente en Neville: realidad-2-pop-0-jornada-5a

En su charla con los lectores de ayer lunes en Marca, Santiago Segurola decía que el Barcelona, de momento, juega a jugar; que le falta un algo de emoción, de aventura. Algo de eso hay, es verdad, que explica la sensación de que pese a los 15 de 15 no hemos visto a un Barça de verdad. O quizás, simplemente, el equipo ha llegado a dominar tanto el juego que ha desactivado el peligro, que es la felicidad del fútbol. Contra el Granada no jugó bien hasta que apareció Xavi sobre el campo. Entonces los jugadores se reconocieron los unos a los otros, se saludaron como si no se viesen desde hacía tiempo y se dijeron que estaría bien ganar el partido. Messi y Villa se agitaron un poco, hicieron cosas de futbolistas en un campo de fútbol y los juntaletras ya no viven desde entonces. Cosas de la degradación de lo que un día se llamó periodismo deportivo y de la falta de costumbre de hablar de lo adjetivo y desechar lo sustantivo.

Entretanto el Granada no se dejaba. Fue algo más que ese rival animoso, como llamaban antes en las crónicas a los equipos honestos y estúpidos. Hay una buena noticia en esta Liga y es que los equipos pequeños se han vuelto valientes. Ni el Barcelona ni el Madrid salen ya con un gol metido desde los vestuarios. El sábado el Granada y el lunes el Rayo, como antes otros y como lo harán más se dijeron «Qué cojones»; y con eso salieron al campo. Claro que siguen pagando el arrojo, perder pierden lo mismo, pero no lo dan gratis. La victoria ha dejado de darse por supuesta. Quizás La Liga se gane con otros cien puntos o más, pero serán más caros,  más entretenidos y a lo mejor nos dejan algún cadáver para pinchar con un palo.

Eso no evita que lo estadios se despueblen, aunque al menos los pequeños lo intentan con el fútbol, con el juego, que es lo que pasa encima de ese rectángulo de sagrado color verde. El fútbol de cemento y bocadillo, de grada corrida y obrerismo ha dejado paso a un espectáculo burgués. Menotti decía hace tiempo que les han robado el fútbol a los aficionados. Es verdad, la avaricia desembozada de los clubes, destruidos como tales para reconvertirlos en gestorías y/o lavadoras, se ha traducido en rendición sin condiciones a un sistema televisivo tóxico. El fútbol ha sido siempre un espectáculo popular, pero nunca ha sido uno vulgar; hasta ahora.

El Granada se expuso en el peor lugar posible,  como lo hizo el Rayo, en el partido post-sabotaje, metáfora de esta Liga que se cae a pedazos que es metáfora de este país que se cae a pedazos que es metáfora…, y así. 0 para el pequeño, 2 para el grande en ambos casos pero cuando caes así nadie te puede reprochar nada. Puestos a caer que sea una caída espectacular. Sería un cambio que los equipos de la otra Liga, tanto los pequeños como los que antes podían haber sido aspirantes, dejasen de ser esos tipos del Watch Me Fall de Uncle Tuplelo que piensan que su rol en la vida es fracasar en todo lo que hacen. Sí, sería un cambio.

El pase de diapositivas requiere JavaScript.

El Real Madrid no resucitó, pero al menos se recompuso. Sigue confundiendo la velocidad y el atropello, como si cada uno de sus jugadores quisiese hacerlo todo más rápido que el anterior. El juego es un trámite engorroso que, a veces, da centellazos de belleza simple como el primero gol, pam-pam-pam-PAM. Una ráfaga de metralleta blanca. El arma favorita de Mourinho desde los tiempos del Chelsea.

Caparrós ya explicó hace tiempo que el fútbol moderno tendería al músculo, al atletismo con balón. Representado, precisamente, por los equipos expeditivos de José Mourinho, por entonces entrenando al Inter. A Caparros no se le puede reprochar nada, tiene a un equipo-entelequia como es el Mallorca, segundo con 11 puntos. Lo suyo entra en el terreno de la nigromancia. Saca todo lo que hay en sus equipos y los deja listos para el siguiente nivel. No es un entrenador romántico y no hace equipos románticos, pero cualquiera de mitad de la tabla para abajo lo querría.

Oltra, en cambio, si es un romántico. Subió al Deportivo con todos los méritos y ahora está en el medio de la clasificación, 6 puntos son 6 puntos. Como el Granada, el Rayo o el Valladolid juega estupendamente y defiende de pena. Son esos equipos a los que mirar distraídamente, un entretenimiento ligero, una chica resultona, con una bonita sonrisa y una conversación divertida. Son una canción pop. Este lunes el estribillo fue laminado por un Sevilla que es como la lija. El partido tuvo sus momentos de locura   que lo hicieron entretenido, pero Michel ha descubierto el pragmatismo, con su confortable falta de complicaciones, y se ha decido por abrazarse a él. Total, 0-2; el resultado de moda.

El Depor, además, tiene un extra de lírica: Valerón. Uno de esos mitos que en otras ligas donde la tradición tiene una vida más larga que la semana pasada, serían venerados en cada estadio. Valerón es un anacronismo, o nació demasiado pronto o nació demasiado tarde. Es un futbolista de los 60 en una competición feroz de los 2000. Ejemplar en todo, se quedó en Segunda, como Marcos Senna en el Villarreal, otro admirable, y subió al equipo marcando diferencias donde cuentan, en la peor hora. Ahora es como un sabio, y los sabios hablan poco. No sueltan una sentencia detrás de otra. Entre largos espacios de silencio dejan un pensamiento tan limpio que solo puede reconocerse como la verdad. Y en este fútbol de mentira la verdad es un lujo que escasea.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s